18 marzo 2011

¡ADELANTE BONAPARTE!

AUTORRETRATO, Leonora Carrington, 1936


Hoy he sido la primera en entrar al supermercado. Ha sido triunfal. Épico. Como si la meta gastronómica tuviera más sentido que la olímpica.

A ella le gusta desayunar tarde y con periódicos. También con café y mermelada de fresa. Yo prefiero - por erótica- la de arándanos, mora o frambuesa.

Desayunamos en silencio. Leo en la camiseta de Agustín Fernández Mallo: “Houston, tenemos un poema” y siento un escalofrío. Recuerdo en ese momento el comienzo de un relato de la violinista chilena Isabel Mellado: Fui a comprarme un abrazo a las rebajas pero no tenían mi talla, sólo había uno rosado y tupido que me quedaba ancho.

En Radio Nacional de España, Juan Ramón Lucas dice lo que otros comentan: que el Apocalipsis ha llegado a Japón. A mí me entra la risa. Son los nervios, creo yo.

Me ducho con agua templada y manos frías. No me seco el pelo. No lo aliso. A J. le gusta rizado, que el tirabuzón recién nacido caiga sobre las cejas negras tupidas. Como si fuera Leonora Carrington y pintara cuadros con las pestañas.

Escribo frases de amor repletas de puntos. Soy una cirujana que se dedica a cerrar heridas. También cierro el frigorífico y tarareo una canción de Standstill mientras cocino una bandeja de carne (…me voy a inventar un plan para escapar hacia delante. Ven. Sabes que esto es lo único importante, sabes que no es lo mío suplicarte. Pero ven. ¡Adelante Bonaparte!, que vamos tarde…) Y las lágrimas se mezclan con las letras, con el pavo y las zanahorias. Lo entierro todo en la cazuela y que se cocine a fuego lento…

A cualquiera hoy le llaman héroe. A cualquier le dicen: ¡valiente!