26 abril 2010

LEER NO MATA

PE CAS COR (Pedro Casariego Córdoba)

" Me agota ver a la gente: me exalta interiormente, veo misterios en algunas mujeres y detectives en algunos hombres."

Desde hace algunos años coleccionas suplementos literarios. Ya sabes que es una labor inútil. Un sinsentido. Un despropósito. No sirve para nada, pero tú los coleccionas. El sábado abriste BABELIA por la página doce y leíste: "Clavados en la historia con un alfiler, como mariposas raras, los artistas de aura oscura y muerte temprana siguen irradiando su luz." Te fijas en un nombre: Pedro Casariego Córdoba. Te suena ese nombre. Lees: "(...) la suprema maldición que es morir sin haber llegado a publicar o matarse para no tener que escribir más." Levantas la vista del periódico, das un sorbo a tu té pakistanés (¿o es pakistaní?) y te diriges -no sin cierto temblor- a tu pequeña pero selecta biblioteca. Efectivamente allí está.





Los que han sufrido mucho (y los cínicos, que a veces lo son de tanto surfir) dicen que se empieza por hacer el amor y se acaba por hacer café... (p.18)
A veces tengo el suicidio tan cerca que lo llamo miicidio para divertirme. (p.42)
Tus caderas y otras estrellas. (p.61)
Cuaderno verde. Como el 10% de tus ojos. (p.59)
Nos conocemos tan mal que nuestro mejor autorretrato siempre lo hace otro. (p.76)
He tosido y hay saliva mía en esta página. El amor es de saliva y la soledad de agua. (p.96)


Un escritor en cuatro colores. Una declaración de amor a Ana como un juego de mesa. Piensas la razón por la que te gustan tanto las cosas pequeñas. Las invisibles. Las que ni siquiera han nacido. Tienes nostalgia de la nada. Llorarías por Pedro Casariego Córdoba. Por su muerte. Por su amor de muerte. Como no puedes llorar, te pides un batido de fresa en un bar del barrio de Gràcia. Vienes algo cansada de la librería Taïfa donde pretendías hacerte con tu ración mensual de libros viejos. No has podido. Y lo que es peor: un mosquito escondido en un libro de Jane Bowles ha salido disparado directamente hacia tu ojo derecho. Has lanzado un breve y tímido grito.

Ah.

Te has frotado el ojo. Se ha caído el libro. Cuando te has agachado para recogerlo, los cascos del iPod han tocado el suelo y un señor casi los pisa. Realmente, lo que ha pisado han sido tres de tus dedos. Te ha entrado el calor y la vergüenza. Has salido a la calle Verdi bastante apurada. Te has metido en el primer bar decente que has encontrado. Y ahora aquí estás: en la mesa de niña pequeña que te han asignado, bebiendo un batido de fresa casero y preguntándote por qué demonios un post que debería homenajear a Pedro Córdoba Casariego y todos esos malditos adorables de la literatura universal, se ha convertido en la manifestación más bochornosa de cómo la literatura no mata, pero sí puede llegar a herirte muy peligrosamente.

24 abril 2010

LOVING STRANGERS

PIECES OF... (Mariana Castro, 2003)

Te levantas a las 7.45. Los gemelos duros. Desgastados. Las piernas aún temblorosas. Como si hubieras cabalgado los últimos días en lomos de un caballo invencible. Indomable. Imparable.

Berlín, Roma, Nueva York, Madrid, Barcelona.

Llegas al trabajo y una ventana se abre en tu ordenador. Escuchas dos palabras: LOVING STRANGERS.
Abres un documento de word titulado: "Los amantes". El autor: Juan Rodolfo Wilcock. Piensas que no hay amantes más extraños que Harux y Harix. Se amaban tan locamente que no podían alejarse más de setenta centímetros. Por eso decidieron quedarse en la cama para siempre. Lejos del mundo.


"La primera semana se alimentaron de galletitas, de las que se habían provisto abundantemente. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor, como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones."

¡Qué locura! Ayer escuchaste esa palabra en otro idioma: follia. La piel se te erizó como en los mejores días. Te preguntas: ¿Cómo se ama con locura? ¿Amar como Harux y Harix? ¿Con una locura innominable? Te dices que la gente nunca ama así. Nosotros sí. Nosotros no somos la gente. ¿Por qué nunca somos la gente? La gente es rara, la gente dice cosas absurdas, la gente es falsa, la gente juzga...la gente, claro. Nosotros no.


Abres tu cuaderno rojo y escribes: "El mundo es un exceso y a mí no me queda sitio para guardar mis secretos. Mi dolor."


Lo difícil es la vida. Lo difícil es un día.

Te quedas quieta delante del espejo del estudio y reflexionas: ¿por qué llamaran al presente, presente? No siempre es un regalo. A veces es un padecimiento absurdo. Un caramelo envenenado.


En Barcelona las calles están repletas. De rosas. Parece que de besos también. Te invitan a fiestas con escritores. Hay libros, escotes, cigarrillos, cervezas, ojos guiñados, mentiras, juego y máscaras. Muchas máscaras.


Decides beber. Decides comer canapés de cocina experimental: raviolis de maíz, gazpacho en aceite de oliva con berberechos, empanadillas de humus, sopa de carne reducida, pimientos de piquillo rellenos de brandada de bacalao, tortilla de patata con salsa de whisky.


Llegas a casa muy tarde. Los ojos de mapache. Un insoportable olor a tabaco en la ropa. En el pelo. Antes de abandonarte una noche más lees una frase de Raymond Chandler.


"No voy a decirte adiós. Te lo dije cuando significaba algo. Te lo dije cuando era un saludo triste, solitario y final".


Buenas noches.

10 abril 2010

BUSCANDO A VILÈM VOK (2ª parte)


ILUSTRACIÓN DE COSIPOI




Estoy sorprendida -y agradecida, por supuesto- de que la página web de Enrique Vila-Matas haya citado mi anterior post. Eso sí, el misterio no ha desaparecido, todo lo contrario: aumenta por minutos. He recurrido a Ana Rodríguez Fischer que muy amablemente respondió a mis inquietudes sobre Vilèm Vok con una enigmática respuesta: "Ya quisiera poder contestarte como te mereces, pero ... intuyendo según qué juegos... prefiero comentárselo al que programó la turmalina."

Por si todo esto fuera poco, una mujer misteriosa, Liz Themerson me escribió en el anterior post. Vila-Matas habla de Liz Themerson en el siguiente articulo titulado "Tarea de tinieblas":

Liz Themerson cuenta que hace poco, en el hospital, cuando la incertidumbre era máxima y no sabía si se moriría o sobreviviría, no era miedo lo que sentía, sino un inmenso vacío. No dormía de noche y esperaba con ansiedad la llegada de la mañana. Como si la mañana fuera a salvarla. Se pasaba las noches mirando por la ventana, esperando las primeras luces. Esa experiencia de vacío de Themerson es un tipo de emoción que surge cuando el realismo se desfonda y aparece en su lugar el núcleo duro de lo esencial, la nebulosa del ser verdadero, la bruma de la identidad profunda que es siempre extraña y extranjera. También la sensación de no haber dado lo mejor de nosotros a nadie, ni haber sabido vivir intensamente. Seguramente, Liz Themerson esperaba la llegada de la mañana confiando en que ésta le ayudaría a cortar amarras con el vacío y le permitiría trazar pasadizos, tal vez incluso buscar atajos hacia el núcleo incomunicable.

¿Quién es Liz Themerson? ¿Por qué me siento como Samuel Riba buscando en Google nombres que desconozco? ¿Por qué los instrumentos de la era digital siempre me acaban decepcionando?

La conclusión de todo este misterio: leed "DUBLINESCA".

07 abril 2010

BUSCANDO A VILÈM VOK

Oddments Room V, 'Atlas', 2008 (Jane y Louise Wilson )
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Como cuando después de meses de espera, por fin, ves a esa persona y puedes olerla y tocarla, puedes mirar sus ojos y corroborar que era eso lo que estabas esperando, lo que buscabas. Justo un momento en el centro del mundo.

Algo así es lo que me ocurrirá cuando por fin pueda tener entre mis manos (o delante, en una pantalla de ordenador) algo del escritor checo Vilèm Vok.

En “Dublinesca” no son pocas las ocasiones en las que el narrador cita a Vilèm Vok. Son frases certeras, terribles y absolutamente emocionantes. Ahí van cinco ejemplos:

1.- No es tan sencillo sentir el mundo como lo sintió Kafka, un mundo en el que se niega el movimiento y resulta imposible siquiera ir de un poblado a otro.

2.- Contradecir a lo que imaginamos sólo ayuda a reducir la vida de nuestro espíritu.

3.- Si nuestros elementos de juicio nos parecen satisfactorios lo mismo les sucedía a nuestros antepasados.

4.- La vida es corta pero el día es largo.

5.- ¡Tener madre y no saber de qué hablar con ella!


El misterio de este enigmático escritor surge cuando una intenta leer algo más allá de lo que Vila-Matas cita en sus libros o artículos. ¿Quién fue Vilèm Vok? ¿Qué escribió y, sobre todo, dónde está lo que escribió? Si pongo su nombre en los catálogos de las librerías siempre sale un mensaje que dice: "No se ha encontrado ningún resultado que coincida con sus criterios de búsqueda".

¿Hay alguien que intente ocultar a Vok? ¿Y si Vilèm Vok fuera Vila-Matas? (Por cierto, no me diréis que sus nombres no mantienen cierta homofonía con las letras VIL). Si sigo buscando en Internet, Google me dice que un tal Vilèm Vok vivió alrededor de 1600 y formaba parte de una familia aristocrática, los Rozmbrek, cerca de la ciudad de Trebon. Además tenía un hermano que se llamaba Petr. ¿Es este el Vilèm Vok del que habla Vila-Matas? Os cuento todo esto porque ayer soñé con Vilèm Vok, con la portada del libro que un día leeré. Era una portada negra y sólo ponía su nombre en grande y con el acento abierto en la È muy destacado.

Ya sé que quizás me decepcione, que posiblemente estoy haciendo una obra de dimensiones magistrales con sólo cinco citas más que lúcidas que he leído, pero NECESITO encontrar y leer a Vilèm Vok, descubrir quién fue, qué leyó y a quién amó. Lo necesito para dormir, para no soñar con él. Quiero arriesgarme, quiero vivir en el abismo de imaginar que algo inexplicable va a seducirme y yo, claro, me dejaré. Como siempre hago. Como siempre he hecho.