Estas matrioskas rusas han estado en casa de mi abuela desde que yo era muy pequeña. Nunca supe quién se las regaló. Yo imaginaba que un novio ruso que tuvo que huir durante la Guerra Civil. Las matrioskas me gustan porque yo también creo que dentro de mi cuerpo, hay otros muchos distintos.No hay nada más evocador que entrar en una librería antigua y comenzar a oler esos libros que ya nadie quiere. Pensar en qué mesita de noche fueron depositados; imaginar qué voz, en qué habitación en una noche incendiaria, se pondría a leerlo a un amante exhausto de tanto amor; decidir, en definitiva, en qué bolsillo, de qué abrigo y en qué tiempo se refugiarían estos libros que hoy me compro por tres euros cada uno.
1.-) ADIÓS A LAS ARMAS (E. Hemingway, 1929) : Nunca me ha caído bien Ernest. No sé si por su fama de borracho, por su predilección hacia la fiesta nacional, por tener más de cien gatos en su casa o por esa forma chulesca y fanfarrona de tratar a Scott Fitzgerald: un tipo, un escritor, un amante verdaderamente valiente. Pero he decidido darle una oportunidad, sí. Y hacerlo con este dramón bélico, romántico y autobiográfico.
2.-) LA VIDA BREVE (J.C. Onetti, 1950) : Lo primero que supe de este escritor uruguayo es que pasó los últimos cinco años de vida sin salir de su cama. No digo de su casa, sino de su cama. Y no fue por una enfermedad terminal, sino porque un día ya no quiso levantarse más. Así de simple. Era un tipo pesimista, triste y melancólico. Aún así, se casó cuatro veces. Las dos primeras con dos primas suyas –dos hermanas: Mª Amalia y Mª Julia-, como si le costara entender que también existían mujeres valiosa fuera de la familia Onetti. En su libro, “El pozo”, se definió a través de su personaje: “Soy un hombre solitario que fuma en un sitio cualquiera de la ciudad”. Y yo añado: “mientras te espero”.
3.- ) DE UN CASTILLO A OTRO (L.F. Celine, 1957) : Siempre he opinado que hay mujeres y hombres tremendamente cultos y asquerosamente abyectos, detestables. Este señor, con su colaboracionismo durante la ocupación nazi en Francia es una buena muestra de ello. Era un antisemita vomitivo. A pesar de todo ello, tengo muchas ganas de leer esta biografía terrorífica de un hombre del que decían que cuando hablaba tenía la mirada fija, la mirada propia de los maníacos.
