LA CENTRAL DEL RAVAL, BARCELONAEntró el café de La Central muy seria, con los ojos rojos y húmedos.
- Duncan, he descubierto algo terrible: hay penas que no se ahogan en alcohol . Hay penas que saben nadar.
No supe qué decir.
Me volví pequeña de repente. Tenía razón.
- Duncan, he descubierto algo terrible: hay penas que no se ahogan en alcohol . Hay penas que saben nadar.
No supe qué decir.
Me volví pequeña de repente. Tenía razón.
Se tragó las lágrimas como el niño se traga las espinacas que odia comer: con rabia, con resignación.
Me besó en el borde de los labios y se fue.
