Eres de esas personas capaz de planchar los pantalones, los vestidos y las camisas con la misma rigurosidad y seriedad con la que un cirujano secciona la piel en el comienzo de una operación. Como si te fuera la vida en ello.
Aún así, este talento extraordinario no ha sumado ningún punto a la hora de que algunas personas hayan decidido, consecutivamente, no abandonarte.
Pero no importa demasiado porque tú eres una chica-acero: fuerte, dura, inoxidable.
Te dices que tú no te caes, te chocas voluntariamente contra el suelo. A tu paso, sin duda, vas dejando huella, pero también alguna llaga que otra. Y quizás lo que sea más fascinante aún: has sobrepasado los diez días del mes de agosto y los mosquitos aún no han aprendido a picarte.
Bien por ti, chica-acero.
