20 julio 2010

LA IMAGINACIÓN SE LO IMAGINA TODO


La imaginación se lo imagina todo.


Eso, por lo menos, es lo que uno de los personajes de Monsieur Pain afirma sin inmutarse.


La imaginación se lo imagina todo.


Tu imaginación, sin ir más lejos, está segura de que tienes incrustados en las costillas unos gritos que, agazapados, sobreviven del mejor modo que saben en tu convulso cuerpo. Tu imaginación se imagina que son gritos aterradores, desesperados y liberadores. En definitiva, que existe una ingente variedad de alaridos que no han tocado el aire que te rodea.


Tu imaginación ha reparado en ellos esta mañana: estabas en la playa y te has acostado sobre la arena para dejar que algunos de los rayos optimistas del sol hicieran mella en tu deprimido cuerpo. Has observado cómo se perfilaban tus costillas y tu imaginación te ha susurrado al oído que no te hicieras la despistada, que sabías perfectamente que esos pequeños bultos que tú achacas a una heredada complexión de nadadora, son precisamente los gritos reprimidos, los que nunca efectúas, los que algunas personas esperan de ti. Los gritos que a menudo únicamente lloras.


La imaginación se lo imagina todo.


Has vuelto a Monsieur Pain y te has reencontrado con Roberto Bolaño. Has pensado que sus lecturas son algo así como enamorarte de nuevo precisamente el día que has afirmado que no sabías si alguna vez podrías amar más y mejor. Como ese amor que no decrece.


Y es que uno ha de ser muy salvaje para llamar al médico mesmerista que protagoniza tu libro y que debe curar de hipo al poeta César Vallejo, Monsieur Pain; es decir, Señor Dolor. ¿Quién de vosotros dejaría que le curase un tipo que se apellidara Dolor?