24 abril 2010

LOVING STRANGERS

PIECES OF... (Mariana Castro, 2003)

Te levantas a las 7.45. Los gemelos duros. Desgastados. Las piernas aún temblorosas. Como si hubieras cabalgado los últimos días en lomos de un caballo invencible. Indomable. Imparable.

Berlín, Roma, Nueva York, Madrid, Barcelona.

Llegas al trabajo y una ventana se abre en tu ordenador. Escuchas dos palabras: LOVING STRANGERS.
Abres un documento de word titulado: "Los amantes". El autor: Juan Rodolfo Wilcock. Piensas que no hay amantes más extraños que Harux y Harix. Se amaban tan locamente que no podían alejarse más de setenta centímetros. Por eso decidieron quedarse en la cama para siempre. Lejos del mundo.


"La primera semana se alimentaron de galletitas, de las que se habían provisto abundantemente. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor, como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones."

¡Qué locura! Ayer escuchaste esa palabra en otro idioma: follia. La piel se te erizó como en los mejores días. Te preguntas: ¿Cómo se ama con locura? ¿Amar como Harux y Harix? ¿Con una locura innominable? Te dices que la gente nunca ama así. Nosotros sí. Nosotros no somos la gente. ¿Por qué nunca somos la gente? La gente es rara, la gente dice cosas absurdas, la gente es falsa, la gente juzga...la gente, claro. Nosotros no.


Abres tu cuaderno rojo y escribes: "El mundo es un exceso y a mí no me queda sitio para guardar mis secretos. Mi dolor."


Lo difícil es la vida. Lo difícil es un día.

Te quedas quieta delante del espejo del estudio y reflexionas: ¿por qué llamaran al presente, presente? No siempre es un regalo. A veces es un padecimiento absurdo. Un caramelo envenenado.


En Barcelona las calles están repletas. De rosas. Parece que de besos también. Te invitan a fiestas con escritores. Hay libros, escotes, cigarrillos, cervezas, ojos guiñados, mentiras, juego y máscaras. Muchas máscaras.


Decides beber. Decides comer canapés de cocina experimental: raviolis de maíz, gazpacho en aceite de oliva con berberechos, empanadillas de humus, sopa de carne reducida, pimientos de piquillo rellenos de brandada de bacalao, tortilla de patata con salsa de whisky.


Llegas a casa muy tarde. Los ojos de mapache. Un insoportable olor a tabaco en la ropa. En el pelo. Antes de abandonarte una noche más lees una frase de Raymond Chandler.


"No voy a decirte adiós. Te lo dije cuando significaba algo. Te lo dije cuando era un saludo triste, solitario y final".


Buenas noches.