25 marzo 2010

YUKIO MISHIMA: DE AMOR Y HORROR


¿Qué razones ocultas y mortificantes debe tener uno para matarse de la forma más dolorosa y escandalosa posible? Porque lo normal es morir de modo silencioso, tímido y contenido. Si no hemos logrado ser discretos en vida, sí intentamos al menos hacerlo en el momento de la muerte: algunos en la cama del hospital con las cortinas corridas, otros suicidándose en la soledad de su habitación o despacho.

Me pregunto todo esto después de ver un documental sobre el escritor Yukio Mishima dirigido por Paul Scharader en 1985. De los tres libros que he leído de Mishima he salido con la sensación de que una mezcla explosiva de amor y horror debían ocupar la tinta de su pluma.

Yukio Mishima se quitó la vida el 25 de noviembre de 1970 a través del seppuku, un rito similar al harakiri pero con decapitación final. Fue precisamente en esta parte final donde yo encontré lo más conmovedor de su muerte. La decapitación de Mishima fue encargada al soldado Masakatsu Morita, que seguramente fue su amante. Quizás por esa terrorífica misión de tener que matar al ser que más amaba, Morita, tras tres intentos fallidos, tuvo que ceder su misión a Hiroyasu Koga que acabó el trabajo. Instantes después, Morita también fue decapitado por Koga.

El enigma acompaña a la muerte de Mishima: ¿por qué decidió morir de este modo atroz? Quizás fuera su fascinación por los samuráis o por lo erótico que le parecía morir violentamente, no sé. Yo creo, sin embargo, que lo que de verdad le hipnotizaba a Mishima era el cuerpo. En 1967 escribió en “Sol y acero”: “Enfrentarse a la muerte con un cuerpo débil y fofo me parecía una inconveniencia absurda”. Y decidió hacer realidad esta frase: durante los últimos quince años de su vida, Mishima practicó entrenamiento con pesas y nunca interrumpió su régimen de entrenamiento de tres sesiones semanales.

Resulta difícil de entender, pero el genial escritor Yukio Mishima se dedicó a moldear su cuerpo para después destrozarlo con sus propias manos.