05 mayo 2009

EL MUNDO ES UNA CATEDRAL HELADA


El mundo es una catedral helada.
(LUIS ALBERTO DE CUENCA)


Una nunca cree que pueda ver el dolor tan de cerca. Y entonces, cuando ocurre, te asustas. El pecho se te ensancha porque un globo de dolor aparece de pronto. Una cree que es valiente. De hecho, a su alrededor, constantemente le dicen: “eres una valiente”. Pero tú sabes que no. Que no lo eres tanto. Porque si lo fueras no bajarías las ocho plantas del hospital corriendo, buscando el aire de la ciudad, el olor de la primavera, el color de ese cielo que nunca te ha impresionado demasiado. No rezarías para quedarte encerrada en el ascensor y llorar a solas, durante todo el tiempo, sin pretender que nadie te saque de allí. Y no hablas demasiado del tema porque estás convencida de que los demás están exhaustos de escuchar padecimientos ajenos. Te das cuenta de que hoy eres otra mujer que no eras ayer. Que ellos ven los mismos ojos y la misma boca pero que hoy cualquiera puede hacerte daño. Y te sientes vulnerable y un poco triste. Hoy que has visto y olido la muerte más cerca que nunca te has impresionado. Y te has dicho a ti misma que si la muerte impresiona tanto debe ser porque te impresiona todavía más la vida. La enormidad de la vida. Te das cuenta de que nadie se muere de dolor porque de un modo inexplicable todos soportamos todo. Te mueres porque el corazón, las arterias y el cerebro deciden que se acabó. Y piensas que allí donde hoy está tu padre, en esa misma cama, dentro de unos años podrías estar tú. Y llegan entonces las ganas salvajes de besar, de hacer el amor sin parar, de ver el atardecer, de beber whisky viejo, de comer jamón ibérico, de escuchar a Tom Waits, de reír con tus amigos mientras te tomas unas pipas en el parque, de quedarte conversando hasta la madrugada, de leer un poema que te sacuda, de abrazar, de nadar, de quedarte dormida tocando el pecho de la persona que está a tu lado.

Te das cuenta al final del día de que en sólo dos horas para ti han pasado 26 años.

4 comentarios:

Maine dijo...

¿Y si no te impresiona la muerte es que tampoco te impresiona la vida? Esa teoría es refutable, me encantaría hablarla contigo si tuviéramos oportunidad.

Un beso, Duncan, estés donde estés.

Not dijo...

Lo que es cierto es que hay situaciones que te dejan sin palabras y sin dramas leves. Como uno de esos terribles caramelos que te dejan tan desnuda la garganta, que el aire te entra directo a los pulmones. Sin filtros, sin problemas menudos.

Saludos.

Anónimo dijo...

Eres valiente y una escritora que ha hecho que me caigan dos lágrimas tras leer el post.

Besos Duncan

BEA

E. D. dijo...

MAINE: Claro que me impresiona la muerte. Y una vez vista de cerca, más todavía. Pero sí, es una teoría refutable, ¿no lo son todas? Un beso desde Barcelona.

NOT: Sí, esos caramelos terriblemente refrescantes que casi te vacian.

BEA: Gracias Bea. Besos