- Podemos irnos al sur. Quizás hasta Sudamérica. ¿Te lo imaginas? Sería increíble. Se supone que allí hace más calor. Hace un calor húmedo porque llueve sin parar. Y el aire está tan húmedo que los peces entran por la puerta y salen nadando por la ventana. También hace calor. Mucho calor. Y los pájaros entran rompiendo las ventanas para morir en los dormitorios.
Eloise. No importa demasiado que hoy no me haya aprendido los pasos de baile que me pediste hace unas semanas. No he tenido tiempo de practicar. Sé que cuando bailamos, te piso. Por eso, aquel día te dejaste los zapatos blancos encima de la barra del bar en el que nos emborrachamos antes de irnos a una sucia pensión y hablar del calor de Sudamérica, de los pájaros que se suicidan entrando en las habitaciones donde la gente hace el amor. Eloise. A nadie le gustaba tu jersey de colores ni tus medias rojas. Decían que eran estúpidos. Eloise. Tenías la habitación llena de libros, amontonados por todos los rincones. Yo nunca sabía cuál elegir: Fitzgerald, Conrad, Chéjov, Kafka, Proust, Faulkner… Tú los habías leído todos y me los resumías por las noches, con la luz apagada. Eloise. Por ti mordí el polvo y las uñas, me mordí los labios y la lengua. Me perdí en el Hotel del Millón de Dólares y ya no te encuentro en ninguna de las habitaciones. No huelo el humo de tus cigarrillos y he perdido de vista tu ropa tendida en el balcón. Además, los niños de nuestra calle tampoco juegan ya a las rayuelas.
Eloise. No importa demasiado que hoy no me haya aprendido los pasos de baile que me pediste hace unas semanas. No he tenido tiempo de practicar. Sé que cuando bailamos, te piso. Por eso, aquel día te dejaste los zapatos blancos encima de la barra del bar en el que nos emborrachamos antes de irnos a una sucia pensión y hablar del calor de Sudamérica, de los pájaros que se suicidan entrando en las habitaciones donde la gente hace el amor. Eloise. A nadie le gustaba tu jersey de colores ni tus medias rojas. Decían que eran estúpidos. Eloise. Tenías la habitación llena de libros, amontonados por todos los rincones. Yo nunca sabía cuál elegir: Fitzgerald, Conrad, Chéjov, Kafka, Proust, Faulkner… Tú los habías leído todos y me los resumías por las noches, con la luz apagada. Eloise. Por ti mordí el polvo y las uñas, me mordí los labios y la lengua. Me perdí en el Hotel del Millón de Dólares y ya no te encuentro en ninguna de las habitaciones. No huelo el humo de tus cigarrillos y he perdido de vista tu ropa tendida en el balcón. Además, los niños de nuestra calle tampoco juegan ya a las rayuelas.

7 comentarios:
¿Quién no se enamoraría de alguien como Eloise, de alguien como tú?
Escribe más.
BEA
Si luego suspendo, por ver películas que recomiendas y de las que hablas tan grandiosamente, te culparé.
Mentira, mentira... Sabes que te daré las gracias. ¡Maldita!Y transmítele esto también a tu cónyuge, que me recordó con su post que tenía Persona aún pendiente y no pude resistirme.
Todo eso y tener los ojos verdes y tristes...
Atención, chicas, importante anuncio en La Letra Escarlata… NUEVO SERIAL BOLLO, estreno este miércoles ;-)
Después de ver la película, me he enamorado de tu post.
Y de Eloise, por supuesto.
... quizás vuelva cuando aprendas los pasos de baile..
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