22 marzo 2012

TRASLADO

Después de unos años con Mídeme en Letras, me traslado a un nuevo lugar, con otras cosas que contar. Si quieres seguirme la pista, escríbeme a evitaduncan@hotmail.com

18 marzo 2011

¡ADELANTE BONAPARTE!

AUTORRETRATO, Leonora Carrington, 1936


Hoy he sido la primera en entrar al supermercado. Ha sido triunfal. Épico. Como si la meta gastronómica tuviera más sentido que la olímpica.

A ella le gusta desayunar tarde y con periódicos. También con café y mermelada de fresa. Yo prefiero - por erótica- la de arándanos, mora o frambuesa.

Desayunamos en silencio. Leo en la camiseta de Agustín Fernández Mallo: “Houston, tenemos un poema” y siento un escalofrío. Recuerdo en ese momento el comienzo de un relato de la violinista chilena Isabel Mellado: Fui a comprarme un abrazo a las rebajas pero no tenían mi talla, sólo había uno rosado y tupido que me quedaba ancho.

En Radio Nacional de España, Juan Ramón Lucas dice lo que otros comentan: que el Apocalipsis ha llegado a Japón. A mí me entra la risa. Son los nervios, creo yo.

Me ducho con agua templada y manos frías. No me seco el pelo. No lo aliso. A J. le gusta rizado, que el tirabuzón recién nacido caiga sobre las cejas negras tupidas. Como si fuera Leonora Carrington y pintara cuadros con las pestañas.

Escribo frases de amor repletas de puntos. Soy una cirujana que se dedica a cerrar heridas. También cierro el frigorífico y tarareo una canción de Standstill mientras cocino una bandeja de carne (…me voy a inventar un plan para escapar hacia delante. Ven. Sabes que esto es lo único importante, sabes que no es lo mío suplicarte. Pero ven. ¡Adelante Bonaparte!, que vamos tarde…) Y las lágrimas se mezclan con las letras, con el pavo y las zanahorias. Lo entierro todo en la cazuela y que se cocine a fuego lento…

A cualquiera hoy le llaman héroe. A cualquier le dicen: ¡valiente!

31 enero 2011

DICK LAURENT HA MUERTO


Recuerdo aquellos besos sonoros, casi crujientes que me dabas. Me gustaría explicarte lo que significaron. Pero vuelvo a quedarme en blanco. Después, escribo: todo. Y es el único modo en el que sé revelarme. He incendiado alguna vez que otra el aire con un grito que se llamaba como tú. Esas cuatro letras exactas. Ahora escribo y me pregunto para qué. Viene a mi mente esa sentencia de María Moliner que tanto me consuela: “Escribir es defender la soledad en que se está”. Y yo me defiendo con las pocas uñas que me quedan de tanto morderlas y con los dientes menos alineados de lo que me gustaría. El caso es que ahora escribo. Y tampoco me olvido de aquella frase ancestral de otra rara película del señor Lynch, del señor Misterio: Dick Laurent ha muerto. Ay, todavía los vellos se (e)rizan cuando la memorizo. Lo importante de todo esto es que ahora escribo y también bebo una copa de vino. Porque tú ya lo sabes: el vino no es alcohol, el vino es literatura.

14 noviembre 2010

WARHOL Y LA EISOPTROFOBIA

JORDAN CRANDALL: ¿Se mira en el espejo?
ANDY WARHOL: No. Es durísimo mirar el espejo. No se ve nada.

Y después de todo este tiempo, te das cuenta de que Warhol y tú tenéis algo en común: la eisoptrofobia. Es decir, la fobia a mirarte en el espejo. No porque te veas fea, desfectuosa o mejorable. Simplemente porque no ves nada.


14 octubre 2010

LOST IN NEW YORK (III)


Suspendida, bloqueada, pasmada, aturdida y enajenada. Así has desfilado estos días por las calles de Barcelona. Sin encontrarte a nadie en la vuelta de la esquina. Precisamente porque las esquinas que has recorrido no tienen vuelta ni revés. Son de una única dirección interminable, indefinible. Cada noche mirabas la oscuridad y recordabas aquellas palabras de Mark Rothko: Una noche miraré tan fijamente en la oscuridad que terminaré dentro de ella. Porque lo que a ti te atrae es ese modo de mirar entre los millones posibles modos de mirar del universo. Ese modo. Sólo ese. Eres lo que has visto. Eres las escaleras de la casa de Truman Capote una sofocante mañana de septiembre en Brooklyn cuando creíste que estabas siendo filmada desde uno de los balcones que dan al río Hudson en los que soñaste que te despertabas muy temprano después de un vendaval de sábanas. Eres el niño que estaba sentado en esas escaleras y que parecía que nunca iba a moverse. Eres ese niño que tal vez fuera el propio Truman en una suerte de viaje temporal que no te crees. Eres las hojas de ese árbol que enmarcan las escaleras en las que Truman Capote se sentaba e intentaba memorizar el abecedario. Algo que nunca consiguió.

09 septiembre 2010

LOST IN NEW YORK (II)


Vuelves de Nueva York. Regresas al trabajo. La mesa repleta de libros. Comienzan las obligacions. La lectura. Las emociones. Te llama la atención la portada de un nuevo libro de Periférica titulado A toda vela de Clifford Henry Benn Kitchin. Lees algo que conecta directamente con el final de tu anterior post: "Siempre parece que acabo de hacer algo o que estoy a punto de hacer algo. Nunca parece realmente que esté haciendo algo". Esa sensación te domina desde que volviste de NY, como si todo hubiera quedado suspendido, como si te hubieras fragmentado en pedazos inservibles. Algunos piensan que has vuelto tranquila, con las cosas claras. Te preguntas si alguien tiene de verdad algo claro a lo largo de su vida. Desconfías de la gente que no duda. Del mismo modo, desconfías de aquellas personas que jamás ceden su asiento en el transporte público, que no se planchan la ropa o que llevan los zapatos sucios. Manías. Estúpidas y bobas manías de chica fragmentada. De un fragmento de chica. De un ojo. De una boca. De otro ojo. Pedazos. Heridas. Hoy has sacrificado tus tobillos porque no has podido resistirte y has necesitado estrenar tus nuevos zapatos de NY, aquellos que te probaron como si fueras la cenicienta urbana. Y en efecto, ha surgido la herida. La infección. Los trozos de carne. La fragilidad de un tobillo. La fragilidad de un cuerpo que, según te dicen, cada vez pesa menos. Tú lo intentas saciar de misterios pero no suele dar resultado. Todos acaban saliendo. Mientras tanto, buscas en los recovecos de tu lengua el sabor de la mejor tarta de queso que probaste en Brooklyn. Por si algo queda. Por si te acuerdas. Quizás así puedas recordar los otros sabores que aún se esconden. Los que ya nunca nacen.

05 septiembre 2010

LOST IN NEW YORK (I)

LA OTRA ISLA (E.D. Sept.'10)



Escribir a propósito de New York no tiene ningún mérito. Sólo resulta excitante si lo recuerdas. Has pasado siete días en una ciudad en la que apenas has dormido; en la que has bebido una cerveza que se llamaba Stella y te hacía cosquillas en la garganta, como si la mujer a la que da nombre te acariciara el cuello; has vivido en un piso en el que contabilizaste doce trampas para roedores y, sin embargo, aunque les ofrecieras queso, nunca aparecieron; una ciudad en la que encontraste una biografía de Rimbaud en el bar donde desayunaste siete veces bagels con crema de queso; unas tiendas en la que las dependientas te ponían los zapatos como si fueras una cenicienta urbana y luego te invitaban a New Jersey porque allí las tasas -y otras preocupaciones cotidianas- no existen.

Una ciudad en la que no hiciste el amor pero estuviste a punto de…