
- PERO, ¿YA ENTONCES IBAS AL CAFÉ?
- SÍ, ÍBAMOS AL CAFÉ A DESCUBRIR EL MUNDO, A DESCUBRIRLO. ESO QUE AHORA NOS PARECE TAN ABURRIDO PORQUE YA NOS LO SABEMOS.
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Aquella mañana, mientras untaba mi cuerpo con una suave crema hidratante, me pregunté: "¿Hasta cuando le durará esa inteligencia y belleza tan insultante?". Algún día terminará, pensé.
Me vestí, me maquillé, jugué con mi pelo y me dirigí a la mesa rectangular de los desayunos.
Sentadas cada una de los extremos opuestos, nos miramos con una cierta curiosidad.
Me di cuenta entonces que esos ojos negros y pequeños no se acabarían nunca. Esos ojos negros en los que se reflejaba la luz del comedor rojo en el que yo intentaba explicarme si su inteligencia y belleza insultante finalizaría algún día.