Conseguir que los colores de mi atuendo sean armónicos. Poder afinar cada nota cuando canto en la ducha. Poner la sal adecuada en mis ensaladas. No dejar el poso del café con leche en la taza del desayuno. Depilarme las cejas. Hacer la cama sin una sola arruga. Llevar los zapatos sin manchas. Cargar mi iPod para todo el día. Dejar mi pelo con el alisado perfecto. Hacerme la raya del ojo recta y continua. Acordarme de lo soñado la noche anterior. Ponerme brillo en los labios.
Salir a la calle y pensar la cantidad de cosas inútiles que hago cada mañana para distraerme, para no pensar en lo de siempre, para convencerme de que algún día todo irá mejor que hoy, un sábado que llevo la ropa conjuntada, que afino las canciones de Sidonie en la ducha, que mis platos salen deliciosos, que me bebo todo el café, que dejo mi cama con las sábanas recién planchadas, que mis cejas están perfectas, mis zapatos lustrosos y el iPod con batería para ocho horas. Hoy que mi pelo es de un alisado oriental, que la raya negra del ojo parece que la hubiera pintado Modigliani y mis labios deslumbran en el centro de Barcelona.
Salir a la calle y pensar la cantidad de cosas inútiles que hago cada mañana para distraerme, para no pensar en lo de siempre, para convencerme de que algún día todo irá mejor que hoy, un sábado que llevo la ropa conjuntada, que afino las canciones de Sidonie en la ducha, que mis platos salen deliciosos, que me bebo todo el café, que dejo mi cama con las sábanas recién planchadas, que mis cejas están perfectas, mis zapatos lustrosos y el iPod con batería para ocho horas. Hoy que mi pelo es de un alisado oriental, que la raya negra del ojo parece que la hubiera pintado Modigliani y mis labios deslumbran en el centro de Barcelona.







