05 julio 2009

LAS PLAYAS DE BARCELONA


La sal del mar pocas veces me escuece en los ojos. La sal del mar únicamente los convierte en más verdes y, por tanto, no tan tristes.

Los granos de arena de la playa se incrustan en algunas partes pegajosas de mi cuerpo untado con bronceador. A veces me sorprendo de los lugares tan insospechados a los que esos granos llegan. Muy poca gente ha llegado hasta ahí.

En el rincón de la playa de Barcelona a la que voy, llegan las chicas más guapas de la ciudad. Las chicas más solas que te despiertan de tu sueño para pedirte un cigarrillo y te sonríen como si nunca hubieran visto todo lo malo.

En mi rincón de la playa, cuando atardece, algunos nos refugiamos en un chiringuito que se llama “El misterioso secreto de Amparo”. Me pido la cerveza más fresquita y leo poemas. Llevo días intentando averiguar quién es Amparo. Si lo hago, pronto descubriré su secreto.

A las doce del mediodía llegan los niños que están de vacaciones. Se bañan todos juntos, alborotándonos a todos, haciéndonos sonreír. Su monitor -un chico argentino precioso- les riñe constantemente. Parece que no le gusta nada que se tiren las piedras más grandes del fondo del mar.

17 junio 2009

CON LAS GANAS


E.D., Barcelona, Junio'09


Con los bolsillos llenos de ganas. De vacaciones, de mar, de tardes con viento y palabras que no se las lleve. Ganas de isla, de libros y de historias secretas. Ganas de sol, de pieles bronceadas, de café y tostadas a las diez de la mañana. Ganas de que todo vaya bien. Ganas de que no me duela demasiado. Ganas de amor. Ganas de hacerlo. Ganas de ganar y de que me ganes.

22 mayo 2009

COMO UN OSO PARDO


Nunca me fio de los conductores de autobús que no son capaces de ponerte una película durante el trayecto. De un modo similar, dudo de la calidad del sexo que tú y yo nos inventamos si mis patillas de moderna no se mojan de sudor hasta encresparse como una ola agitada en alta mar.


Me refiero a esas noches en las que la cama se convierte en un barco inencontrable. Y da igual la música que pongas porque no la oyes. Y a mi se me arruga en vientre como en una contracción y los vellos de mi cuerpo se desperezan como un oso pardo tras unos meses de hibernación.


Después de algunas horas, llegamos a puerto firme. Tú te miras en un espejo cualquiera y algo irreconocible descubres en él. Después de mucho observar te das cuenta de que te he cambiado de sitio todos los lunares de tu cuerpo.

18 mayo 2009

Evita Duncan: HEROÍNA DE TARANTINO


Esta mañana he decidido convertirme en Elle Driver, la enfermera tuerta más sexy de Kill Bill. Me he comprado uno de esos uniformes escandalosos de blanco impoluto y he cosido violentamente el parche que me colocaré en el ojo derecho. He dedicado dos horas a ensayar el silbido más terrorífico de la historia del cine desde el que cometió en los años 30 el vampiro de Düsseldorf, el asesino de niñas.

Esta mañana me convertiré en Elle Driver para cargarme al malvado celador que tiene atemorizados a los enfermeros, familiares, médicos y pacientes de la planta donde mi padre está ingresado.

Tengo una misión: hoy voy a convertirme en una de las furiosas heroínas de las pelis de Tarantino.

14 mayo 2009

ÓJALA ZELDA HUBIERA COMIDO AQUÍ



Aquella noche quise ser Zelda y hacer el amor apasionadamente en el automóvil amarillo que inspiró a Fitzgerald para escribir “El Gran Gatsby”. Quise ponerme los zapatos blancos y romper los tacones con un foxtrot o un charleston hasta el amanecer. Beber ginebra y dejarme besar por alguna desconocida.

Aquella noche me hubiera gustado pelearme con el indeseable de Hemingway y decirle que era un tipo que no valía la pena, que no era un gigante ni un valiente sino un mediocre, que nunca comió en el restaurante de la Plaza Mayor de Madrid al que un día yo le hice esta fotografía cuando la camarera no me miraba.
No sé si lo recordarás pero aquella noche te dije que ya era inevitable, que ocuparías el centro de todas las fotografías allí por donde tu cuerpo pasara. Te confesé que el lector ideal no es aquel que lee más obras, sino el que escribe en los márgenes de los libros. Y creí que no había nadie que saliera a fumar a los balcones con más estilo que tú.
Al final de aquella noche pensé que nunca nadie debería terminar como Zelda lo hizo: abrasada en un sanatorio, amando a Francis Scott tan ferozmente que fueron capaces de beberse todo Alabama sin que nadie saliera herido, sin que nadie se diera cuenta.

11 mayo 2009

GENTE



En estos días de investiduras, de debates de la nación, de Obamas y Brunis, de gripe porcina, de trama Gürthel, de plan Bolonia, de crisis económica y cifras de parados, me pregunto si alguno creerá que el mundo termina aquí. Porque también hay gente que se enamora, es valiente y se declara. Gente que deja a otra gente. Gente que se muere por otra gente. Gente que se va y gente que decide quedarse. Gente que promete cosas y decide cumplirlas.

05 mayo 2009

EL MUNDO ES UNA CATEDRAL HELADA


El mundo es una catedral helada.
(LUIS ALBERTO DE CUENCA)


Una nunca cree que pueda ver el dolor tan de cerca. Y entonces, cuando ocurre, te asustas. El pecho se te ensancha porque un globo de dolor aparece de pronto. Una cree que es valiente. De hecho, a su alrededor, constantemente le dicen: “eres una valiente”. Pero tú sabes que no. Que no lo eres tanto. Porque si lo fueras no bajarías las ocho plantas del hospital corriendo, buscando el aire de la ciudad, el olor de la primavera, el color de ese cielo que nunca te ha impresionado demasiado. No rezarías para quedarte encerrada en el ascensor y llorar a solas, durante todo el tiempo, sin pretender que nadie te saque de allí. Y no hablas demasiado del tema porque estás convencida de que los demás están exhaustos de escuchar padecimientos ajenos. Te das cuenta de que hoy eres otra mujer que no eras ayer. Que ellos ven los mismos ojos y la misma boca pero que hoy cualquiera puede hacerte daño. Y te sientes vulnerable y un poco triste. Hoy que has visto y olido la muerte más cerca que nunca te has impresionado. Y te has dicho a ti misma que si la muerte impresiona tanto debe ser porque te impresiona todavía más la vida. La enormidad de la vida. Te das cuenta de que nadie se muere de dolor porque de un modo inexplicable todos soportamos todo. Te mueres porque el corazón, las arterias y el cerebro deciden que se acabó. Y piensas que allí donde hoy está tu padre, en esa misma cama, dentro de unos años podrías estar tú. Y llegan entonces las ganas salvajes de besar, de hacer el amor sin parar, de ver el atardecer, de beber whisky viejo, de comer jamón ibérico, de escuchar a Tom Waits, de reír con tus amigos mientras te tomas unas pipas en el parque, de quedarte conversando hasta la madrugada, de leer un poema que te sacuda, de abrazar, de nadar, de quedarte dormida tocando el pecho de la persona que está a tu lado.

Te das cuenta al final del día de que en sólo dos horas para ti han pasado 26 años.